El banano y la tecnología

 Los investigadores han utilizado la producción del banano como claro ejemplo del modo en que se produce el cambio técnico en etapas discontinuas con intervalos de pocos o ningún cambio entre ellas (Evenson, Houck y Ruttan 1964). Las innovaciones introducidas durante los años setenta, como por ejemplo la sustitución de la variedad Gros Michel por Cavendish, el empacado en cajas para el banano y los cablevías aéreos para el transporte de fruta, tuvieron como consecuencia la disminución de los costos de producción, el crecimiento de la producción y la reducción de los precios mundiales. Aparentemente durante los años ochenta no se identificaron innovaciones (saltos), lo que llevó a los investigadores a pensar que existían pocas esperanzas de incrementar la productividad y reducir los costos a finales de los ochenta y comienzos de los noventa (FAO 1996). No obstante, la producción de banano aumentó y los precios de importación mundiales se redujeron durante este período a una tasa del 2 y el 3 por ciento, respectivamente. La reducción de los precios significa un descenso de los costos de producción, que puede conseguirse no sólo mediante un cambio técnico, sino también a través de la eficacia técnica, aumentos en escala o la reasignación de recursos productivos tras cambios en los precios relativos de los insumos.

El aumento de la productividad podría haberse conseguido mediante innovaciones de carácter universal que afectasen a todos los ramos, incluido el del banano. Los sistemas multimedia e internet facilitaron la elaboración de contratos, e internet agilizó el acceso a la información del mercado. Muchas publicaciones semanales como Sopisco News y Semana Bananera ofrecen información sobre los avances del mercado, fechas previstas de envíos y precios, mientras que las organizaciones internacionales como la FAO publican con regularidad los precios al por mayor y al por menor en los principales países importadores. La transmisión eficaz de información entre clientes y proveedores ayudó a dirigir mercados complejos y reducir las pérdidas. Además, la disminución de los costos de comunicación tuvo consecuencias en los costos de transacción: mejoró el arbitraje de los precios, relajó la integración vertical que caracteriza la industria, y permitió la creación de nuevas empresas comerciales a lo largo de la cadena. Este capítulo centrará su atención en los cambios técnicos específicos del ramo bananero en el período de 1985 a 2002.

Nuevos enfoques conceptuales para analizar la productividad serían necesarios entonces para superar la aparente paradoja de observar caídas en los costos de producción unitarios en ausencia de innovaciones tecnológicas. Nuevas apreciaciones sobre el cambio técnico han puesto de manifiesto que las innovaciones tecnológicas serían pequeñas, permanentes y continuas (en contraposición con discontinuas y en escalones), y que sucederían a lo largo de «avenidas de cambio técnico». Estas perspectivas serían, tal vez, más apropiadas para explicar el aumento de la productividad allí donde no se producen aparentes avances tecnológicos de importancia. Por ejemplo, una vía tecnológica sería el riego, y los cambios técnicos serían el riego con fertilizantes, el riego por goteo y el ajuste preciso del suministro de agua. Las contribuciones a estas pequeñas innovaciones se acumulan y, en la mayoría de los casos, magnifican los efectos individuales de cada una, lo que lleva a importantes saltos en la productividad. Por otra parte, en el ramo del banano donde existe una elevada integración vertical, lo más probable es que se adopten pequeños cambios que no perturban las rutinas establecidas en la cadena antes que grandes cambios tecnológicos. En este capítulo se pretende determinar esas innovaciones técnicas aparentemente insignificantes específicas de la industria bananera, desde la producción a la maduración, producidas en los últimos 17 años (1985-2002) y que podrían haber contribuido a la disminución de los precios mundiales del banano. Se ponen también de manifiesto los principales avances institucionales de la red de investigación del banano.

Siembra

Los rendimientos del banano tienden a disminuir entre los tres y cinco años después de la plantación, y se reducen rápidamente después de diez a quince años. Para conservar los rendimientos existentes, debe emprenderse un proceso cíclico de sustitución de plantas viejas por nuevas. Tradicionalmente, las plantaciones de banano se han considerado un cultivo perenne, ya que los agricultores dejaban que brotasen vástagos de la planta desde un tallo subterráneo. Sin embargo, la sustitución de plantas cada pocos años (o incluso en plantaciones de un único ciclo) se hizo realidad a finales de los años ochenta cuando las técnicas de propagación in vitro en laboratorio y del bulbillo se comercializaron. Iniciadas en la China, Provincia de Taiwan, debido a problemas relacionados con virus, la práctica se ha extendido actualmente a todos los ámbitos comerciales.

Las plantas en una plantación de ciclo único tienen gran vigor y un elevado potencial de rendimiento debido a la naturaleza juvenil del material y su eficiencia fotosintética. Tienen una mayor superficie de hojas y de acumulación de la masa en comparación con las plantas convencionales. El aumento de los rendimientos puede durar hasta tres cosechas, después de las cuales no parecen presentar diferencias notables respecto a las plantas convencionales. El ciclo único supone la micropropagación de células y el traslado de plantas del cultivo in vitro al vivero para la aclimatación, donde se cultivan hasta alcanzar el tamaño para su plantación en los campos. La micropropagación de bananos y los viveros están presentes en la actualidad en la mayor parte de los países exportadores de banano.

Para dar beneficios, las plantaciones de ciclo único necesitan ser complementadas con una serie de técnicas conexas. Debe ponerse mucho cuidado en el transporte de las plantas desde el vivero hasta la plantación, y las necesidades del suelo deberán tratarse con herbicidas pre-emergentes. Puesto que las plantas tienen pocas reservas de nutrientes, es necesaria la fertilización diaria, siendo el fertirriego la opción preferida. Si bien las plantaciones de ciclo único permiten una plantación de alta densidad (y a los agricultores evaluarla año tras año) con rendimientos que alcanzan las 100 toneladas por hectárea, provocan un agotamiento intensivo de la fertilidad de los suelos, que exige una estrecha vigilancia si se van a mantener los rendimientos (Lahav 1995). Por último, los agricultores deben ser capaces de afrontar la cosecha y el empacado de enormes cantidades de fruta que se concentran que un período de tiempo breve.

Los buenos resultados comerciales y la rapidez de difusión de las plantaciones de un único ciclo se deben a los beneficios económicos que aporta a los agricultores. En comparación con las plantas convencionales, las plantas de micropropagación tienen una mayor uniformidad, están exentas de enfermedades y plagas transmisibles, crecen más rápido, florecen antes, finalizan su primer ciclo más rápido que las plantas convencionales y permiten la producción de fruto cuando se necesita (también conocida como Crop Timing Plantation o CTP) en períodos de fuerte demanda. Así mismo, la micropropagación permite una multiplicación más rápida de las plantas oportunas, lo que acelera el ritmo de los programas de mejoramiento genético. El cultivo de tejidos también permite a los agricultores plantar material certificado como exento de plagas y enfermedades. Sin embargo, en la mayoría de los casos no se eliminan todos los virus del banano y sólo se retrasa la necesidad de utilizar medidas químicas de lucha.

Mejoramiento de cultivos

La búsqueda de variedades resistentes a plagas y enfermedades ha sido una de las principales acometidas en la historia de los programas de mejoramiento del banano. Debido al escaso número de variedades locales y su reproducción asexual, el banano tiene una reducida reserva genética que lo hace vulnerable a plagas y enfermedades. Ya en los años veinte, los programas fitogenéticos del Caribe buscaban variedades resistentes a la enfermedad de Panamá: en el Imperial College of Tropical Agriculture (Trinidad) y en Jamaica. A mediados de los setenta, se iniciaron nuevos programas de mejoramiento en todo el mundo para combatir la sigatoka negra, incluida la Fundación Hondureña de Investigación Agrícola (FHIA) y más recientemente, en 1983, EMBRAPA-CNPMF en Brasil y CIRAD-FLOHR en Guadalupe y el África occidental.

En 1985 se creó la Red Internacional para el Mejoramiento del Banano y el Plátano (INIBAP) como centro de investigación e información destinado a apoyar las investigaciones realizadas en todo el mundo. Tiene un servicio de documentación especializado en el banano y comprende la mayor colección de germoplasma de Musa del mundo. INIBAP trabajó estrechamente durante la última etapa de los ochenta y principios de los noventa con programas fitogenéticos regionales de América Latina, África y Asia. En África, con el Centre africain de recherches sur bananiers et plantains (CARBAP), antiguo Centre régional de Recherches sur Bananiers et Plantains (CRBP) en Camerún, y con el Instituto Internacional de Agricultura Tropical (IITA) en Nigeria. Ambos institutos multiplicaron las variedades habitualmente mejoradas por INIBAP, las distribuyeron a los programas regionales y ofrecieron formación técnica. En Asia, la INIBAP trabajó con la Red Regional para Asia y el Pacífico de INIBAP (ASPNET), creada en 1991 y conocida hoy en día como la Red de Investigación Bananera para Asia y el Pacífico (BAPNET). Ésta ha participado en la evaluación, conservación y recogida de germoplasma de Musa, en la coordinación de la comunicación y colaboración regional entre los investigadores de Musa, y en la asistencia al intercambio intrarregional de información. Pese a la creación de todas estas instituciones de investigación, los analistas piensan que el número de programas de mejoramiento de Musa es escaso habida cuenta del valor del comercio mundial del banano y su importancia como producto de primera necesidad mundial (Escalant y Panis 2002).

PROMUSA (Programa global para el mejoramiento de Musa) se creó en 1997 para reforzar la colaboración y el intercambio de información entre investigadores involucrados en la mejora genética de Musa. Tiene como finalidad establecer una amplia gama de híbridos adecuados para los cultivadores de banano de todo el mundo, y agrupa las técnicas convencionales de mejoramiento basadas en la hibridación, con la ingeniería genética y las técnicas biotecnológicas.

Una forma de obtener variabilidad genética es a través de la utilización de la biotecnología, pero en los últimos años han surgido polémicas sobre la posibilidad de que esta técnica pudiese producir alimentos malsanos. Si bien la FAO reconoce que la ingeniería genética puede ayudar a aumentar la producción y la productividad en la agricultura, la silvicultura y la pesca, también es consciente de las preocupaciones sobre los posibles riesgos suscitadas por ciertos aspectos de la biotecnología. Estos riesgos se dividen en dos categorías fundamentales: los efectos sobre la salud humana y animal, y las consecuencias sobre el medio ambiente. Los riesgos para los seres humanos de los bananos tratados con antifúngicos o toxinas contra los nematodos en hojas o raíces son probablemente pequeños, mientras que los peligros para el medio ambiente son incluso menos probables, ya que muchas variedades comercializadas en todo el mundo son estériles. Estos procedimientos ofrecen nuevas oportunidades para resolver problemas agrícolas donde las técnicas tradicionales no pueden o tienen pocas posibilidades de hacerlo, como es el caso del mejoramiento del banano.

Las técnicas de las variedades mejoradas por ingeniería genética son relativamente nuevas y las actividades de investigación están aún muy limitadas a laboratorios especializados. En los últimos diez años, se ha dedicado un considerable esfuerzo de investigación a la producción de bananos modificados genéticamente. Se han elaborado protocolos y se han producido estas plantas en determinadas condiciones, lo que confirma que, en principio, el banano puede modificarse genéticamente. Existen estudios para descubrir métodos de preparación del material vegetal básico (progenitores) para su transformación, y para transferir las características genéticas requeridas. Esta labor la están haciendo empresas comerciales, universidades de los Estados Unidos y de Europa e institutos de investigación especializados en fitología. Puesto que su costo es elevado, ya que se necesitan laboratorios complejos (con instalaciones de confinamiento adecuadas) y un personal muy calificado, la distribución de una variedad de banano transformada para su producción comercial no es probable que se lleve a cabo este decenio (FAO 2001a).

La disponibilidad de variedades resistentes a las enfermedades está directamente vinculada con el aumento de los rendimientos de los agricultores que producen para consumo local, tanto en banano como en plátano. Los agricultores que suministran a los mercados locales bananos de diversos tipos (bananos para postre, cocción y molturación, y plátanos) necesitan disponer de clones resistentes, pero suelen carecer de recursos financieros para pagar la tecnología. Sin embargo, la transformación de todas las variedades que actualmente se cultivan en países como Uganda o la India, donde hay una gran diversidad que permite satisfacer determinadas preferencias, no es realista. Además, esto podría no ser conveniente, ya que su éxito podría conducir a la pérdida futura de la diversidad genética, preocupación que está siendo abordada por la INIBAP cuando, al cambiar las preferencias de las poblaciones, se descartan antiguos clones intrínsecamente menos productivos. A los productores les interesa conservar la diversidad de variedades, incorporando al mismo tiempo nuevos adelantos que fomenten la productividad.

Tal vez la biotecnología pueda ofrecer nuevas oportunidades para la seguridad alimentaria allí donde el banano es una fuente importante de alimento, particularmente entre los pequeños agricultores de los países en desarrollo. Si se obtuvieran muchos genes diferentes para la resistencia a las enfermedades, la regulación de la maduración, etc. y se pusieran a disposición de los pequeños agricultores muchos clones diferentes del banano con genes diferentes, el riesgo de que cualquier nueva enfermedad ocasionara daños imprevistos e importantes sería escaso. En este sentido, la biotecnología podría mejorar realmente la situación de los pequeños agricultores, permitiendo prolongar la campaña y poniendo a disposición del consumo local más frutos y durante períodos más largos.

Plagas y enfermedades

La sigatoka negra se ha convertido en la enfermedad más perjudicial para la producción actual de banano. Afecta al crecimiento y a la productividad de las plantas y es el motivo principal por el cual los exportadores rechazan la fruta. El hongo (Mycosphaerella fijiensis Morelet) reduce la fotosíntesis, así como el tamaño del fruto, e induce a una maduración prematura. Se observó por vez primera en Fiji a comienzos de los años setenta, y una década después en América Latina. Los costos para combatir la enfermedad en las grandes plantaciones rondan los 1 000 dólares por hectárea, pero son mayores en las plantaciones más pequeñas que no pueden aplicar fungicidas por aire. Los pequeños agricultores suelen optar por otras medidas de lucha como la eliminación de las hojas viejas infectadas, intercalar cultivos con otros resistentes a la enfermedad y plantar en zonas de sombra parcial, lo que debilita el avance de la enfermedad (Ploetz 2001). Puede encontrarse en todo el mundo, a excepción de las Islas Canarias, y su gestión y control se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los productores de banano con fines comerciales.

En los últimos años, los investigadores han trabajado de forma intensiva para comprender la enfermedad y encontrar nuevos productos químicos agrícolas, ya que el hongo desarrolla rápidamente una resistencia a los nuevos fungicidas. Por ejemplo, en la XV Conferencia Internacional de ACORBAT (2002), 21 estudios diferentes trataban de la sigatoka negra, lo que verifica la importancia de esta enfermedad para la comunidad internacional.

Los agricultores han utilizado con buenos resultados la Gestión Integrada de Plagas para combatir la sigatoka negra en la República Dominicana, en donde el banano se planta en superficies secas. Esto ha permitido al país aumentar su producción de banano orgánico de 2 000 toneladas en 1993 a más de 60 000 en 2000, y se ha convertido en el primer exportador mundial de banano orgánico.

Las fundas de plástico que separan las manos en cada racimo durante el período de crecimiento y reducen la cantidad de frutos marcados y de desecho, también podrían contener algo el avance de la sigatoka negra. Aceleran la maduración antes de la cosecha, lo que actúa contra la sigatoka, manteniendo un microclima más templado y húmedo alrededor del fruto que se está desarrollando. Además, las fundas aumentan la productividad de las tierras al reducir el ciclo de rotación de cultivos (Richard Yudin 2003, Foro sobre el Banano).

La necesidad de cumplir los requisitos fitosanitarios y de calidad de los mercados de importación, así como los acuerdos bilaterales y multilaterales en materia de medio ambiente, ha hecho que se produzcan innovaciones en el control de plagas y enfermedades. Los consumidores de los principales países importadores exigen cada vez más planes de garantía de calidad, sobre todo relacionados con el bajo contenido de plaguicidas. Por ello, las técnicas de lucha contra las plagas con un nivel bajo de utilización de plaguicidas, como por ejemplo la gestión integrada de plagas, la lucha biológica, la erradicación de plagas y la prevención de la proliferación de plagas han incrementado su importancia durante los años noventa.

En donde no hay plagas, se ha comprobado que la prevención ante su posible introducción es una forma eficaz de evitar pérdidas futuras, incluidos daños en los cultivos y restricciones de cuarentena al comercio. Los agricultores están utilizando plantas procedentes del cultivo de tejidos para evitar la introducción de plagas y enfermedades en los lugares en que se plantan bananos por primera vez. La instalación de laboratorios para el cultivo de tejidos es relativamente poco costosa; equipar una instalación modesta podría costar 50 000 dólares EE.UU. Los laboratorios de cultivos de tejidos, muchos con carácter comercial, se dedican actualmente a la producción en serie de variedades Cavendish, plátanos y algunos de los nuevos «híbridos» de la FHIA. En los países en desarrollo, el costo por cada planta es en general considerablemente inferior a los costos de producción en Europa

 Drones para analizar cultivos de banano Lecturas:

Con el objetivo de ayudar a los agricultores bananeros del país a incrementar su productividad, la compañía Bayer implementó desde este año el programa SmartAgro. Este programa consiste en brindar asesoría técnica gratuita a los bananeros, a través del uso de mecanismos tecnológicos. Como parte de la asesoría se identificarán aquellas áreas o lotes que requieran mejoras para aumentar su productividad. “A través de SmartAgro, se provee a los productores información analizada y actualizada sobre los niveles de sanidad vegetal de sus fincas, a través de indicadores que se obtienen por el uso de tecnología de precisión, como el vuelo de drones”, explica Marcel Ayala, especialista técnico en banano y mercado de Bayer. Según el vocero, la información que proporcionarán está sustentada en los datos recolectados “durante los 50 años de Bayer en el cultivo de banano en Ecuador y en países bananeros altamente productivos en el mundo”. Esta comparación les permite ser más asertivos, asegura, en las recomendaciones para gestionar la eficiencia de las fincas. Con este proyecto se contemplan algunos beneficios. Al productor le permitirá ser más eficiente en la utilización de sus recursos y al exportador ser más competitivo frente a otros países. Según Ayala, cualquier productor bananero puede formar parte del programa. En una de las fincas de prueba donde se implementó el programa, se monitorearon 46,32 hectáreas y se evidenciaron USD 20 043 en pérdidas. Por ejemplo, un lote con un área de 5 hectáreas y con 1 219 unidades de plantas, la compañía obtuvo los siguientes resultados: déficit de 181 plantas, 1,77 hectáreas con nivel aceptable de manejo fitosanitario y 1,42 hectáreas con alto riesgo de perder el control de la sigatoka negra (enfermedad que ataca al banano). Una de las fincas donde Bayer realizará sus estudios es la Clemencia, ubicada en la provincia del Guayas, de propiedad de Juan Francisco Sigüenza. Según el propietario, confía en el proyecto SmartAgro porque está integrado a una herramienta tecnológica para el análisis del cultivo. “Esto permite hacer un manejo específico en esas partes del cultivo que estuvieron afectadas durante el invierno. La idea que uno tiene como productor es tener la mayor área de la finca con productividades altas”, mencionó Sigüenza. Según datos del Banco Central del Ecuador (BCE), los niveles de producción de Ecuador alcanzaron, en promedio, las 1 991 cajas por hectárea en el 2016. Mientras que, en el 2015 la producción por hectárea fue de 2 210 cajas. Según un estudio de Bayer, la producción es baja comparada con otros países bananeros como Costa Rica. Este país exportó en el 2016 una cifra récord de 120 millones de cajas de 18 kilos, lo que generó ingresos por USD 986 millones. Su producción por fue de 2 800 cajas de hectáreas por año. Bayer es una empresa con más de 154 años en el mercado mundial y 50 años en el Ecuador. Durante este tiempo, según el vocero, “la empresa sigue consolidándose como una compañía global de investigación y desarrollo con competencias clave en los ámbitos biocientíficos de la salud y la agricultura”.

Datos:

 La empresa.  Bayer es una compañía global, cuyas principales actividades se concentran en las áreas de salud, nutrición y materiales de alta tecnología. Servicios.  Bayer ofrece una gama de productos y servicios: semillas, soluciones innovadoras para la protección de cultivos y apoyo al desarrollo de una agricultura sostenible. Empleo.  La empresa cuenta con más de 22 400 empleados a nivel mundial y está presente en más de 120 países.


 

 


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